EL HOLOCAUSTO

 

“El Holocausto” cuarta entrega de la serie de artículos sobre “La mujer polaca en la lucha por la independencia”.

No es el propósito de este artículo describir en detalle todo el horror que supuso el holocausto del pueblo judío, millones de hombres, mujeres y niños fueron víctimas de este procedimiento de exterminio en masa. Polonia, que era el país con mayor número de judíos de Europa en 1939, fue el escenario donde se desarrollo este drama inhumano, el terreno donde los alemanes construyeron sus campos de trabajo y de exterminio, el único país de Europa donde ayudar u ocultar a un judío en una casa significaba una condena a muerte inmediata para todos los ocupantes de la misma, independientemente de su sexo o edad.

Sin embargo, a pesar de de los riesgos, Polonia fue el país donde más judíos fueron salvados, el único en el que había una sección del movimiento de resistencia cuyo único objetivo era ayudar y salvar al mayor número de judíos posible, y consecuentemente, en el que más “Justos entre las Naciones” hubo.

Y entre los que se arriesgaron por ayudar a sus semejantes hubo muchas mujeres extraordinarias, voy a destacar a tres de ellas cuyos nombres deben ser pronunciados con reverencia por todas las personas de buena voluntad.

Si una hay una mujer merecedora, sin duda, de aparecer en cualquier relación de protagonistas de la Segunda Guerra Mundial esa es Irena Sendler, nombre de guerra “Jolanta”, el “angel del Ghetto de Varsovia”.  Esta enfermera, trabajadora social de la ciudad de Varsovia y miembro del “Armia Krajowa”, dirigió la sección infantil de “Zegota” y dedicó sus esfuerzos a sacar al máximo número de niños del Ghetto, ya que estaba convencida de que allí sólo los aguardaba la muerte. En total más de 2.500 niños fueron salvados gracias a ella, ninguna otra persona, a excepción de los diplomáticos  que extendían visados falsos, salvó a tantos.

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Irena Sendler en 1942

Con su grupo de unos 30 colaboradores, casi todos mujeres, fabricó documentos falsos para más de 3.000 niños judíos, a los que sacaban del Ghetto utilizando los más ingeniosos procedimientos. Debe aclararse que por su condición de trabajadora social podía entrar en el Ghetto para controlar los brotes de tifus que allí se daban, ya que los alemanes no querían que la enfermedad se propagara más allá del Ghetto y se convirtiera en una epidemia que afectara a la ciudad y a sus tropas.

Una vez fuera del Ghetto, los niños recibían una identidad falsa y eran entregados a familias católicas o eran ocultados en conventos de monjas. Debe considerarse el gran riesgo que corrían estas familias y monjas. Para que los niños pudieran reunirse con sus familias después de la guerra Irena Sendler ocultó un registro con la identidad real del niño, la falsa y a quien se lo había entregado, sin embargo finalmente éste fue inútil pues casi todas las familias de los niños fueron asesinadas en Treblinka.

En 1943 fue capturada por la Gestapo, la interrogaron brutalmente, pero no denunció a ninguno de sus colaboradores ni a los niños. Camino de su ejecución fue rescatada por “Zegota”, donde siguió colaborando. Durante el Levantamiento de Varsovia trabajó como enfermera y oculto al menos a cinco judíos.

Al final de la guerra las autoridades comunistas no dieron ninguna publicidad ni reconocimiento a sus acciones, ya que había sido miembro del A.K. , es más en 1948 fue encarcelada y torturada. Tras su liberación siguió trabajando en obras sociales, y cuando en 1965 fue nombrada “Justa entre la Naciones” las autoridades no le permitieron viajar a Israel.

Su historia fue totalmente desconocida hasta 1999, año en que un grupo de estudiantes de una escuela de secundaria de Kansas escribieron una obra teatral sobre ella. En 2008, un año antes de su muerte, fue propuesta al Premio Nóvel de la Paz, aunque el comité del mismo prefirió otorgárselo a Al Gore…

La escritora Zofia Kossak-Szuczcka, sobrina y nieta de los pintores Wojciech y Juliusz Kossak, había ganado en 1936 el Laurel de Oro de la Academia de Literatura Polaca y publicado varias novelas de temática religiosa, escribía también para la prensa católica y hoy algunas de sus opiniones serían consideradas antisemitas.

Durante la ocupación editó varios periódicos clandestinos y en enero de 1942 fundó con Wanda Krahelska-Filipowicz “Alinka” el “Tymczasowy Komitet Pomocy Żydom” (Comité Provisional de Ayuda al Pueblo Judío), que en poco tiempo se transformó en “Zegota”, la organización parte del “Armia Krajowa” cuya única razón de ser era ayudar y salvar al máximo número de judíos posible. “Zegota”  proporcionó armas a los combatientes del Ghetto de Varsovia y estuvo directamente involucrado en la salvación de entre 8.500 y 9.500 judíos, aunque se calcula que unos 50.000 que se salvaron fueron ayudados se algún modo por “Zegota”.

Cuando en 1942 los alemanes comenzaron la liquidación del Ghetto de Varsovia, sabiendo las horribles condiciones en que se estaba produciendo, escribió el manifiesto “Protest” del que se distribuyeron 5.000 copias, en él, sin tratar de ocultar o blanquear su opinión sobre los judíos decía:

“Todos perecerán… Pobres y ricos, viejos, hombres, mujeres, jóvenes y niños, también católicos con el nombre de Jesús y María en los labios, junto con los judíos. Su única culpa es haber nacido en la nación judía, condenados al exterminio por Hitler (…) Inglaterra calla, también América, incluso el influyente judaísmo internacional, tan sensible en sus reacciones ante cualquier transgresión de los derechos de su pueblo, calla. Polonia calla (…) los judíos moribundos están rodeados de una turba de Pilatos lavándose las manos inocentemente (…) aquellos que callan ante el asesinato se convierten en cómplices (…) nuestros sentimientos hacia los judíos no han cambiado, seguimos pensando que son enemigos políticos, económicos e ideológicos de Polonia. Pero esto no exime a los católicos polacos de su deber de oponerse al crimen que se comete en Polonia. Dios nos exige que protestemos. Dios, que prohíbe matar. Nos lo exige nuestra conciencia cristiana. Todo ser humano tiene derecho a ser amado por sus semejantes. La sangre de los indefensos pide venganza al cielo. Aquellos que se oponen a nuestra protesta, no son católicos. (…) No creemos que Polonia se beneficie de las crueldades de los alemanes, al contrario… Sabemos cuán venenoso es el fruto del crimen… Aquellos que no entiendan esto, y que crean que puede construirse un futuro para una Polonia orgullosa y libre aceptando el sufrimiento sus semejantes, ni son católicos, ni son polacos”  

Zofía Kossak-Szuczcka también colaboró estrechamente con Irena Sendler para sacar a niños judíos del Ghetto. En 1943 fue arrestada por la Gestapo encarcelada en Pawiak y después enviada a Auschwitz, logró sobrevivir y tuvo que abandonar Polonia en 1945, aunque regresó en 1957. Murió en 1978 y en 1985 fue reconocida como “Justa entre las Naciones” por Israel.

La monja católica Matylda Getter, Madre Provincial de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Familia de María en Varsovia, había sido trabajadora social antes de la guerra y había recibido numerosos premios por su obra.

Irena Sendler moneda
Moneda conmemorativa de 20 zl. en cuyo reverso aparecen las efigies de las benefactoras Irena Sendler, Zofia Kossak y Matylda Getter

Durante la ocupación ella y las hermanas de su Orden, colaboraron muy activamente con la organización de Irena Sendler ocultando en sus orfanatos y en sus conventos a todos los niños que pudieron. Además se encargaban de obtener certificados de nacimiento falsos para estos niños, y de asegurarse del bienestar de los niños que habían distribuido en otras casas e instituciones de la Orden en toda Polonia.

Durante el Levantamiento de Varsovia su convento se transformó en hospital y en comedor social.

Arriesgando sus vidas, la madre Matylda y las hermanas de su Orden salvaron a unos 500 niños judíos. Por ello la madre Matylda también fue reconocida como “Justa entre las Naciones”.

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